Hace unas semanas me habéis pedido aquí y en Twitter una entrada sobre la asertividad. En muchos artículos leemos sobre la necesidad de “ser asertivos”, “saber expresarnos con asertividad” y de la importancia de practicar la asertividad, pero a veces se queda en el aire qué es exactamente y cómo podemos ponerla en práctica. Parece que es uno de éstos términos difusos pero importantes que merecen la pena investigar más a fondo. Además me parece un tema estupendo en precisamente esta época prenavideña del año.

Buscando por internet empiezo a encontrar referencias a muchos libros relacionados con la capacidad de decir que no. También me saltan muchas referencias a la no-existencia de este término en la Real Academia Española y Wikipedia me revela que viene del verbo latín assertus que significa “afirmación de la certeza de una cosa”. Mmmm, la verdad que no me ayuda mucho en mi búsqueda por más claridad.

Complementando mí búsqueda con unos artículos de investigación, encuentro definiciones como la “seguridad en sí mismo y autoafirmación” que me suena mucho a autoestima, dejándome con la duda qué significa “autoafirmarse”.

En otro artículo por fin encuentro una explicación que me suena menos a chino y que se resume así: La asertividad implica el conocimiento y la expresión de los deseos, valores, necesidades, expectativas y disgustos propios. Significa por un lado afirmarse a sí mismo y al mismo tiempo hacerlo en armonía con el otro.

Es decir, somos asertivos cuando estamos conscientes de lo que queremos y conseguimos transmitirlo a otra persona con respeto, haciéndola entender lo que necesitamos mientras que aceptamos también las necesidades de nuestro interlocutor.

En otras palabras: la asertividad es como una mezcla de un tipo de inteligencia emocional (identificar emociones y deseos) y su comunicación no violenta (trasmitir nuestras ideas de forma respetuosa).
Por tanto, tenemos que diferenciar la asertividad de la autoestima, que se refiere a la confianza que tenemos en nuestras propias potencialidades (Tarazona). Una persona con autoestima siente que es una persona que vale y además cree que será capaz de superar ciertos retos por sus propios recursos. Es la combinación de una percepción de valía personal y un sentimiento de capacidad que los psicólogos solemos llamar autoeficacia (“voy a ser capaz de hacerlo”). No siendo lo mismo la autoestima y la asertividad sin embargo están claramente relacionadas. No sólo así lo afirman las investigaciones que encuentran correlaciones entre ambos conceptos, también el sentido común nos dice que una persona que no tiene autoestima muy difícilmente será asertiva. Si no creo en mi propia valía, ni pienso que voy a ser capaz de comunicar mis deseos, me va a ser muy difícil ser asertivo y trasmitir mis necesidades de forma clara y firme.

Dejémos ahora las expliacioes teóricas, ¿cómo se comporta realmente una persona asertiva?

Hay ciertos indicios que revelan un comportamiento asertivo, como por ejemplo cuando

  • Se expresa una opinión de forma clara y firme, sin atacar ni defenderse.
  • Se expresa una negación, sin caer en la queja, ni culpabilizar.
  • Se negocian los términos de un cierto acuerdo entre dos personas hasta encontrar una solución que es válida para ambas partes.
  • Una persona consigue lo que quiere escuchando al otro y respetando sus necesidades, pero sin renunciar a la esencia de su petición o punto de vista
  • Se expresan sentimientos personales.
  • Dos personas se comunican de forma flexible y abierta sobre un tema potencialmente controvertido
  • Se hacen cumplidos honestos y se reciben sin minimizarlos.
  • Se hacen quejas sin reproches y se reciben abiertamente, sin ponerse a la defensiva.

Como vemos, la asertividad está en muchos sitios. Lo que tienen en común estos ejemplos es que la asertividad engloba todas las comunicaciones que es encuentran en el medio de dos extremos: la pasividad y la agresividad.

La pasividad representa comportamientos dónde no nos atrevemos a decir nada, cuando no logramos trasmitir lo que necesitamos por miedo a posibles consecuencias negativas, anticipando que no nos harán caso o que nos dirán que no. La pasividad es no atreverse a decir qué nos pasa. Es callarse la boca y tragar.

La agresividad por otra parte se refiere a comunicaciones violentas, cuando se pierden las formas, el respeto por la otra persona. Se transmiten claramente sentimientos (negativos), pero de una forma que daña la calidad de la interacción y muy probablemente también la relación entre los interlocutores. Los reproches, la culpabilización, los insultos y la violencia verbal estarían en este lado.

La asertividad por tanto es el camino medio, dónde nos atrevemos a decir qué sentimos, qué preferimos o qué necesitamos y a la vez mantenemos un dialogo abierto dónde también averiguamos y comprendemos la posición de la otra persona. Es una forma de comunicación muy pacífica pero a la vez fuerte, porque implica no renunciar a lo que es importante para nosotros. Me recuerda del famoso discurso sobre el agua de Bruce Lee: El agua puede adaptarse, pero también imponerse.

Pongamos un ejemplo actual: la navidad, de las mejores ocasiones del año para practicar la asertividad (junto con la elección de dónde vamos de vacaciones). Una fiesta que crea muchas expectativas, la mayoría de ellas contradictorias y difíciles de conciliar. Entre querer pasar un tiempo tranquilo con momentos para la reflexión, la retrospección y la paz interior y la locura real entre compras, cenas y reuniones de familia hay mucho material para el conflicto, tanto abierto como encubierto. Imaginemos que tenemos que decidir dónde celebrar nochebuena con nuestra pareja. ¿En casa de los padres de él? ¿Con los hermanos de ella? ¿Con los amigos de los dos?

Hemos aquí un ejemplo de comunicación:

Ella: La verdad que no tengo ni la más mínima gana de pasarme otras navidades más escuchando a tu tío quejándose de la crisis y los políticos, y tú tan tranquilo, como si todo estupendo, no lo aguanto, sé que tampoco le tragas, pero por aparentar entras al trapo, me niego es espantoso. (Agresivo)
Él: Bueno, bueno, ya vale, vamos con tus hermanos, ya está (pasivo, porque realmente quería pasar la navidad con su familia, porque una de sus tías no está bien de salud)

Seguro que esta conversación no dejaría buen sabor de boca a ninguno de los dos. La forma asertiva de resolver este conflicto podría ser la siguiente:

Ella: Cada vez que pasamos los festivos en tu casa tu tío se pone a hablar de política y el ambiente se calienta bastante. A mí me pone muy nerviosa porque para mí es una fiesta de paz y armonía y es como si eso me lo destruyera. Sé que tampoco te gusta y me irrita que no digas nada para pararle o cambiar el tema. Este año preferiría irme a otro sitio, así podría disfrutar más de las fiestas.
Él: Sí, tienes razón con mí tío. A mí me da la impresión que simplemente no sabe de que hablar porque realmente nos vemos poco. A mí no me importa, estaré acostumbrada. Me importa que estés cómoda aunque también te querría pedir que lo intentemos por lo menos un día. Lo que pasa es que mi tía no está bien de salud y sé que significaría mucho para ella y mi madre que estuviésemos allí.
Ella: Vaya, no sabía… la verdad es que me da mucha pereza. Pero bueno, supongo que podría aguantarlo. Me podría sentar lejos de él, cerca de tu hermana, siempre puedo hablar de otra cosa con ella y así no me entero. Pero también creo que podrías hacer algo tú para impedirlo, creo que te lo agradecería todo el mundo.
Él: Sí, puede ser buena idea, seguro que encontraría un tema para hacerle cambiar el chip. Preguntarle por la reforma de su casa que ha hecho, sé que está muy orgulloso de cómo ha quedado. O decir que este año nada de política que ya lo solucionaremos el año que viene. Diré a mi madre que nada más estaremos un día y luego hacemos una cena más tranquila con tu familia el 25.
Ella: Vale, me parece bien, pero déjame unos días para pensármelo, necesito pasar unos días tranquilos sin estrés y no sé todavía si esa es la forma.
El: Ok, de acuerdo, tenemos tiempo para encontrar una solución.

Vamos a ver qué ha pasado en la comunicación asertiva:

  • Se comunican hechos de forma objetiva y sin valorar (tu tío habla de política, el ambiente se pone tenso, mi tía no está bien de salud)
  • Se comunican sentimientos en primera persona, hablando de la propia percepción sin atacar, sin culpabilizar (me pone nerviosa, mi irrita, no me importa, me da pereza)
  • Se describe claramente las conductas que se piden del otro (me gustaría que dijeras algo, intentémoslo un día)
  • Se proponen alternativas que suponen una posibilidad de mejorar la situación (me podría sentar lejos, podría cambiar el tema, haremos otra cena más tranquila)
  • Se describen las consecuencias que conllevaría la nueva conducta (disfrutaría más de las fiestas, todo el mundo te lo agradecería, significaría mucho para ellas)
  • Se respeta la decisión de cada uno de aceptar o no la solución encontrada, cabe la posibilidad de decir que no y existe el acuerdo de encontrar una solución que vale para los dos.

Estas características son las claves para construir una comunicación asertiva. Vamos a ver cómo ponerlas en práctica.

Seguro que hay una situación prenavideña en la que necesitas transmitir a alguien tu opinión, pedir ayuda, pedir que deje de hacer algo o que haga algo para ti, negociar un tema común o simplemente decir que no a una petición que te hacen.

Si quieres practicar la asertividad esta navidad recuerda adoptar una postura abierta dónde el objetivo es comunicar tu posición, hacerte escuchar y a la vez, aceptar también las necesidades del otro. Verás que eso implica también poner unos límites claros. Habrá ciertos aspectos dónde estás dispuesto a ceder, en otros no. Ten claro estos límites con anterioridad. Cuando hablas con esta persona, comunica hechos y explica tus sentimientos desde tu propia percepción, habla del “yo”, no tanto del “tú” (mejor decir “me pongo nerviosa cuando te veo hacer eso” en vez de “tu me pones de los nervios”). También describe claramente qué quieres que haga esa persona y qué opciones hay. Para incentivar el cambio, comenta las consecuencias que conllevaría esta nueva conducta, para que la otra persona entiende porqué haces esta petición.

Si no estás muy seguro durante la conversación si estás por el buen camino acuérdate de los extremos que intentas evitar: no se trata ni de ser pasivo ni agresivo. Ser asertivo significa expresarse con claridad, firmeza y flexibilidad, estableciendo los límites que necesitas sin invadir los límites de la otra persona. Es un camino que a veces parece difícil de encontrar, pero merece la pena practicarlo. No sólo tiene efectos muy positivos sobre nuestra autoestima y la efectividad de nuestra comunicación, expresarnos desde la paz y aceptación puede tener un impacto profundo sobre la calidad de las relaciones con las personas que más nos importan.

Así que: feliz asertividad ;)

 

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