Potenciar amor y conexiónEs lunes, y quiero lanzarte un reto para las próximas dos semanas. Te propongo que descubras el amor de una forma nueva. Por si no tienes pareja, no pienses que éste artículo no sea para ti. Es para ti, igual que para todas las personas que necesitamos el amor como sustento de nuestra vida y nuestra salud, tanto emocional como física.

Las últimas investigaciones sobre el amor están descubriendo una vertiente sorprendente de ésta emoción suprema, la emoción positiva más potente y a la vez más compleja… eso por lo menos es lo que nos han hecho creer. ¿Y si el amor fuera algo mucho más ligero y sencillo?

Empecemos por ti: ¿Qué es para ti el amor? ¿Es el vínculo duradero que une a las parejas? ¿Esa sensación potente que sientes al ver a un bebé o a tus hijos? ¿La conexión de confianza y que sientes con tu mejor amig@? ¿El aprecio intenso mezclado con gratitud que siente hacia tu madre o tu padre? o incluso ¿El cariño enorme que te une a tu gato, tu perro u otro animal domestico que ha llegado a formar parte de tu familia?

Sea lo que sea, quiero que hagas un apunte mental (o en papel, mucho mejor) sobre tu definición del amor. Será importante más adelante, para poder ampliar o concretar su alcance.

Barbara Fredricksen, la investigadora más reconocida en el campo de las emociones positivas en el mundo y que ha liderado investigaciones científicas de primera categoría sobre la emoción del amor, nos anima a pensar que el amor es algo bastante diferente que una relación exclusiva, un lazo matrimonial o familiar. Según ella, el amor engloba una conexión profunda de sintonía y confianza compartida, que literalmente toca nuestro corazón. No es una emoción exclusiva y reservada para una determinada persona. La podemos sentir y potenciar en todas las relaciones dónde existe la posibilidad de establecer una conexión directa y positiva en el momento que nos permite entrar en sintonía con el otro y sentirnos realmente conectados. El amor en éste sentido es “resonancia positiva”. En la resonancia positiva, conectamos nuestra forma de sentir, pensar, actuar, incluso respirar con quién tenemos delante. Sentir resonancia positiva más a menudo es lo que tiene un impacto profundo en nuestra forma de ser, en la calidad de nuestras relaciones en general y en nuestras formas habituales de responder ante los demás.

Independientemente de la definición que pongamos cada uno, creo que podemos estar de acuerdo que todos queremos mucho amor en nuestra vida. Te recuerdo los estudios famosos de Bowlby, quién descubrió que incluso los bebés monos preferían una madre que les daba la sensación de cariño y seguridad (una figura de alambre recubierta de pelo suave) que una madre que es daba alimento, pero sin sensación de cariño y seguridad (una figura de alambre que daba leche). Los bebés que no reciben amor que se abandonan pueden morir a pesar de ser nutridos con alimentos. Las personas mayores que pierden una persona querido tienen más probabilidades de morir también en el año consecutivo. El dolor de una ruptura nos puede sumergir en una depresión que nos quita las ganas de vivir. ¿Qué tiene el amor para ser tan potente?

Vuelve a tu definición de amor y recuerda la última vez que sentiste ese tipo de amor que describes. Siente las sensaciones físicas que te crea. Si crees no haber sentido el amor o no en una intensidad suficientemente grande para poder conectar con ello ahora, imagínate una situación que representa tu imagen del amor. Toma unos momentos para hacerlo ahora….

Fíjate en las sensaciones placenteras y tranquilizadoras que te provoca el mero hecho de visualizar o recordar uno de los momentos que representan para ti esa definición de amor. El amor tiene un impacto muy directo sobre nuestro cuerpo, aparte de ser una de las emociones positivas más placenteras e intensas que conocemos.

Pero ¿He dicho momento? ¿Qué tiene que ver el amor con el momento? ¿No era eterno el amor verdadero?

Fredricksen, nos abre otra visión del amor en su último libro “Love 2.0.” Según lo que ha podido observar en sus estudios longitudinales (que acompañan a los participantes durante un período prolongado de tiempo e incluyen una intervención cuyo efecto se mide a lo largo de diferentes mediciones) es que el amor es una sensación muy frágil y momentáneo que va y viene muy rápidamente, pero, por si ese hecho no te gusta, se puede aprender a potenciar.

No te resultará nueva la idea que el amor tiene múltiples beneficios sobre nuestra salud física, nuestros niveles de estrés y por supuesto sobre nuestro estado de ánimo.

Lo que sí que es nuevo es que se ha descubierto que experimentar el amor más a menudo tiene un correlato físico que se puede medir: Las personas que sienten más amor presentan un tono vagal más elevado y las personas que se entrenan en sentir más amor elevan su tono vagal (es decir, dado que se puede inducir el efecto observado por el entrenamiento podemos suponer que existe una relación de causa y efecto entre los dos). El tono vagal representa nuestra capacidad de comunicar contenidos emocionales entre el cerebro y el cuerpo e influye nuestra capacidad de regular nuestras emociones, de evaluarlas y de ajustar p.e. nuestro latido del corazón a lo que está pasando en nuestro entorno. Si tengo un tono vagal más elevado, puedo (1) comunicar mejor a mi cuerpo que lo que siento en éste momento es sorpresa, porque algo inesperado pasó, (2) ajustar ésta comunicación a los pocos segundos a comunicar que ahora siento alegría porque la sorpresa es que me he encontrado con una amiga que hace tiempo que no la veía o (3) en un caso menos agradable, comunicar que lo que siento ahora es enfado, porque la notificación que me llega de Hacienda contiene un resultado desfavorable porque han cometido un error, y tendré que atravesar más papeleo para arreglarlo. Tener un tono vagal alto es favorable porque nos hace más hábiles en procesar nuestras emociones de forma adaptativa. Para tranquilizarnos después de una peleo, necesitamos un tono vagal en condiciones, porque tenemos que señalizar a nuestro cuerpo de forma efectiva que el disgusto “ya pasó” y que es tiempo de ajustar el ritmo a un funcionamiento normal.

Entonces, ¿qué podemos hacer para incrementar la intensidad del amor que sentimos y sentirlo más a menudo? La clave está en identificar posibles momentos de conexión con los demás y utilizar éstos momentos para entrar en resonancia positiva.

Primero, una práctica para casa. Como muchos campos emergentes en psicología, los investigadores del amor se inspiraron en una práctica budista para inducir estados emocionales potentes en los participantes de sus estudios: la meditación de la amabilidad cariñosa, lovingkindness meditation en inglés o metta en pali.

Metta consiste en generar sentimientos de amor, bondad y cariño hacia uno mismo y otras personas y potenciar esas emociones mediante la utilización de mantras y la visualización. En la meditación se repiten frases positivas que representan el deseo generoso y auténtico de desearle lo mejor a una persona, enviándole felicidad, salud y paz. En un primer momento se dirigen estas frases o deseos positivos hacia uno mismo, personas queridas y cercanas. En fases más avanzadas de la meditación se amplía este círculo hasta también mandar amor y bondad a personas más complicadas, conflictivas, gente que ni conocemos o la humanidad en general.

Practicar meditación es una vía excelente para mejorar muchos aspectos de nuestra vida emocional, física y psíquica, pero también sé que no es para todos.

Puede que tú también busques algo más práctico, más en contacto con la vida como la vivimos en el día a día. Aquí entra el juego un ejercicio que puede transformar tus relaciones y tu nivel de amor sentido. ¿Listo para el reto?

Fase 1: Toma de consciencia. En los próximos 7 días, dedica un espacio cada noche a identificar los tres momentos de conexión con otras personas más largas que has experimentado durante el día. Pueden ser con una misma persona o incluir espacios similares o haber sido con personas incluso desconocidas. Apunta cuales han sido esas interacciones más largas y evalúa de 0 a 10 el nivel de conexión (¡resonancia positiva!) que has sentido en cada una de ellas. Te anticipo que simplemente observar nuestro nivel de conexión con los demás aumenta nuestro tono vagal y el nivel de conexión que sentimos. No simplemente te lo creas – pruébalo.

Fase 2: Potenciación. Una vez que te hayas hecho una idea clara de tu nivel de resonancia positiva habitual en diferentes días de la semana pasa a la segunda fase, la potenciación de resonancia positiva. Para ello, recuerda tu definición de amor y los momentos que vinculas con ella. ¿Qué elementos aparecen? ¿Son palabras, miradas, gestos, una actitud interna? ¿Qué puedes hacer para crear más de estos momentos? ¿Cómo puedes aprovechar los momentos de conexión que ya tienes para entrar más en sintonía con el otro? Amplia tu definición por la importancia que tiene el momento presente compartido en la generación de resonancia positiva y aprovecha los momentos de interacción que tienes con diferentes personas para generar más sintonía con ellas. Prueba qué gestos te ayudan en éste reto y aprovecha las que más naturalmente te resultan atractivas. Experimenta con el contacto visual, el tacto y los abrazos, las palabras, la escucha, el dedicar tiempo de calidad a alguien, las actividades conjuntas, la sonrisa sentida de corazón, etc. Sigue tomando nota cómo tu nivel de conexión aumenta con la búsqueda consciente de más resonancia positiva.

La combinación entre reflexión y acción te dará muchas pistas por las cuales puedes potenciar tus momentos de amor, de resonancia positiva con todas las personas que te rodean. Se trata de reconocer las posibilidades que tenemos para crear momentos de conexión de verdad y sentir su impacto positivo en nuestra propia carne.

¿Puede ser tan fácil? Merece la pena probarlo durante las próximas dos semanas y ver qué pasa…. Cuéntanos tu experiencia en los comentarios.

Si quieres leer más sobre la resonancia positiva, te recomiendo el libro “Love 2.0” de Barbara Fredricksen. Si quieres sentir más amor, además aprende y practica la meditación Metta.

 

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