En una encuesta muy reciente, el autor de un libro sobre cómo crear un estilo de vida excelente preguntó a sus seguidores lo siguiente: “Entre los siguientes ingredientes de una vida agradable, qué orden de prioridades establecerías”, presentando esta lista (aquí ordenada alfabéticamente) que los participantes tenía que ordenar según su importancia para ellos:

  • Más alegría y diversión
  • Más dinero
  • Más energía
  • Más tiempo
  • Mejores relaciones
  • Menos estrés
  • Salud excelente

Cientas de respuestas determinaron el ganador: una vez más se mostró, que lo que más nos importa (o más trabajo nos cuesta!) es tener mejores relaciones.

Veo esa tendencia reflejada en las peticiones que recibo últimamente de empresas de muy diferente tipo: la necesidad de mejorar las relaciones, el trabajo en equipo y la colaboración. Al fin y al cabo las relaciones se hacen o deshacen con una cosa: la calidad de su comunicación. Sobre todo en el ámbito laboral parece que prima la competición y la crítica, en vez de la colaboración y la comunicación. Antes de pensar en la relación pensamos en nosotros mismos, olvidandonos del gran impacto que tienen las relaciones personales en nuestro bienestar. Cuando no escuchamos al otro nos perdemos unas oportunidades muy grandes, tanto en cuanto a la relación misma, como en cuanto a las ideas y puntos de vistas diferentes al nuestro. No se trata de intentar caer bien a todo el mundo o ser amigo de todos, las buenas relaciones empiezan por el respeto mutuo y una comunicación transparente.

Hablemos de los problemas con los demás. No pocas veces veo en mi trabajo como coach y psicóloga el siguiente dilema: qué mis clientes tienen problemas que están “causados” por una tercera persona. Me dicen “Estoy mal porque X me trata mal”, “Sufro porque Y no cumple con sus obligaciones”, “Mi vida es un disgusto porque mi madre es un disgusto!”. Seguro que todo eso tiene su gran pizca de verdad, no lo dudo. Por eso uno podría pensar que lo más razonable sería pedir que se vaya  a casa, que me envíe digamos a su madre, para que yo pueda trabajar con ella en solucionar el problema de mi cliente. ¿Creéis que mi paciente mejoraría con eso? Pues no, de hecho lo que acabo de decir es una broma. Trabajaría antes que nada con mi cliente.

Cuando queremos mejorar las relaciones con los demás el primer y obligatorio paso siempre es empezar con nosotr@s mism@s. Primero porque tenemos más influencia en cambiar nuestro propio comportamiento y nuestras propias percepciones e interpretaciones antes de cambiar a otra persona.

Como dice el dicho: “No subestimes el poder que tienes para cambiarte a ti mismo, y no sobreestimes el poder que tienes para cambiar a otra persona”.

Luego porque es una muestra de respeto hacia el otro intentar primero cambiarnos a nosotros mismos. Tenemos nuestros errores tal como cualquier persona y si somos honestos esperamos que las personas más importantes en nuestra vida nos acepten tal como somos, es decir, sin intentar cambiarnos. Concedamos este deseo también a nuestros seres queridos, aceptándoles tal como somos.

Otra razón importante que nos indica que es mejor mirarnos en el espejo con lupa antes de criticar a nuestra pareja, familiar o amigo es porque prestar atención a nuestro propio rol y entender cómo participamos en los patrones de comunicación o relación que no nos gustan nos revelará mucho sobre los fracasos y éxitos de nuestras relaciones personales.

He aquí varios puntos potencialmente problemáticas en las que valen tanto para nuestra vida privada como en el trabajo:

  • Expectativas que no se comunican y por tanto no se cumplen.
  • No tomar en cuenta el estado de ánimo, la motivación e intención del otro.
  • Suponer que el otro no está interesado en nuestro bienestar.
  • Tragarse emociones negativas hasta el punto de estallar.
  • No atreverse a expresar la opinión o ideas propias por miedo a la crítica.
  • Basarse en información insuficiente complementada por suposiciones e hipótesis propias sobre lo que probablemente pensará el otro (sin comprobar si es verdad)
  • Olvidarse de que nuestra percepción de la realidad no es igual a la realidad que ve el otro y que ambas pueden tener su validez.
  • Patrones de comunicación agresiva, sumisa o ambivalente.

Tómate un momento para reflexionar ¿Uno de estos puntos también aplica a esa relación complicada en la que estás pensando?

Como vemos, las relaciones entre dos personas tienen una complejidad impresionante. Entre los mensajes mandados conscientemente e inconscientemente, lo que percibe el uno y lo que realmente quería decir el otro nos podemos perder muy rápidamente.

Claramente no hay fórmulas mágicas, pero que me encanta desde hace mucho tiempo por su sencillez y poder de transformación es la recomendación de Steven Covey: “Procure primer comprender, luego ser comprendid@”.

Es tan sencilla la idea como complicada de poner en práctica.

¿Qué tenemos que hacer para comprender primero lo que nos quiere decir nuestro interlocutor?¿Cómo podemos interrumpir nuestra reacción automática de justificarnos, contestar o defendernos cuando alguien nos plantea un reto comunicativo, p.e. en forma de una queja brusca?

Os proponga aquí una lista de posibles acciones a poner en marcha al encontrarse en una situación de crítica en la que típicamente reaccionamos de una forma que no nos gusta o que nos causa problemas:

  1. RESPIRA. En el momento de sentir que te surge una emoción fuerte como la rabia, el miedo o el rechazo, para y respira profundamente. Sí, sé que es un consejo muy viejo, pero es clave empezar aquí, porque te dará el segundo necesario para cambiar el chip e iniciar el comportamiento que quieres implantar.
  2. MIRA. Mira a tu interlocutor y toma nota de lo que ves. ¿Está furioso, colaborador, agresivo, sorprendido o simplemente muestra una cara neutra? Intenta no dejarte influenciar por las emociones potencialmente fuertes que te transmite. Ya has ganado otro segundo antes de hablar y así más tiempo para recuperarte del primer impacto del mensaje que has oído.
  3. PREGUNTA. Pregunta si lo que has entendido es lo que ha querido decir el otro. Utiliza frases como “Perdón, a ver si te he entendido bien, lo que me querías decir es….”, “Es decir, quieres que/sientes que/te da la impresión que….”. Haz el espejo de lo que acabas de recibir para comprobar que el mensaje (por lo menos la parte verbal) ha sido correctamente recibido. Es importante que tu voz esté en calma. Para eso intenta adopta la actitud de un investigador, quién está curioso por entender las razones profundas de lo que acaba de pasar.
  4. ESCUCHA. Escucha de forma activa, no sólo lo que dice el otro, sino también lo que no dice, la forma cómo lo dice y todo lo que te comunica sobre su estado actual y sobre las expectativas hacia ti.
  5. RESUME. Haz un pequeño resumen de lo que acabas de escuchar, para comprobar nuevamente si has comprendido bien lo que está pasado. “Vale, entiendo que estás enfadado por lo que hice ayer.” “OK, entiendo, tienes la impresión de que cada vez que te paso un informe no he cuidado bien los detalles”. Lo que quieres conseguir es que el otro afirme que SI, efectivamente es lo que te quiere transmitir.
  6. AGRADECELO. Comunicar toma mucha más energía que no decir nada. Agradece a tu crítico que se ha tomado la molestia en decirte cómo se siente. Sí, hay personas que critican demasiado, pero probablemente podemos aprender algo incluso de ellos.
  7. EXPONE. Ahora es tu momento de hablar. Te puedes expresar lo más tranquil@ posible, sin grandes justificaciones, pero exponiendo qué pasó según tú percepción, cuales fueron tus intenciones y qué te parece la crítica que acabas de recibir. Devuelve la palabra y a partir de ahora escucha más que hablar. ¡80:20 es un buen comienzo!
  8. DECIDE. Una vez que la conversación haya acabado puedes decidir si vas a aceptar la crítica o no. No tienes por qué hacerlo durante la conversación. Simplemente podrías cerrarla con un “Pensaré en lo que has dicho”, sin más.

Parece difícil, pero con la práctica ganarás soltura. Si te ves con dificultad para escuchar ten en mente este magnífico y divertido acrónimo inglés: WAIT!! que representa las palabras Why Am I Talking? – ¿Porque estoy hablando yo?- y además significa ESPERA!!

Cuando empezamos a dedicar el 80% de nuestro tiempo con alguien a escuchar y sólo el 20% a hablar pasan cosas magníficas. ¡!Pruébalo y cuéntanos qué tal te ha ido!!

 

¿Escuchas o esperas hablar?

“¿Sabes escuchar?” era una de las preguntas que nos hicieron en la primera sesión de mi formación como coach. Lo que no sabía entonces es que saber escuchar es una de las bases de esta profesión y que es la habilidad esencial que separa un buen coach de un mero asesor o consultor. Un coach escucha para entender en profundidad, para discernir pequeñas diferencias en el leguaje usado, para penetrar en el significado de lo dicho, para escuchar lo que falta por decir, para poder descubrir nuevas oportunidades para el cliente y así superar viejos obstáculos. Si no sabes escuchar es imposible ser un buen coach. Creo que lo mismo es verdad para definir a un buen amigo, un buen [más]

Mi maestro en pañales

Hace poco mi hijo cumplió 6 meses. Este medio año siendo mamá ha sido una época intensa, con mucha alegría, unos pocos días de desesperación y muchas nuevas experiencias preciosas. Que me ha cambiado la vida no hace falta mencionarlo. Lo que sí creo que merece la pena comentar es lo mucho que uno puede aprender de un bebé pequeño. Creo que si aplicáramos las habilidades que nos enseñan los bebés en nuestras comunicaciones adultas la calidad de nuestras relaciones daría un salto cuántico. Cuando los bebés vienen al mundo parece que “no tienen agenda”, viven esta nueva vida todavía sin forjar por la influencia de su entorno, aparentemente sin expectativas, sin poder decidir nada, ni quién los cuidará, ni [más]

© 2011 Portal de Crecimiento Personal © Vivir y Crecer 2011 Suffusion theme by Sayontan Sinha