“When you change the way you look at things, the things you look at change”

Con esa cita tan elegantemente expresada Dr. Wayne W. Dyer nos recuerda que la realidad es sobre todo relativa. Vivimos desde nuestra percepción y este hecho se puede convertir en un problema o en una bendición, dependiendo de cómo usamos nuestra capacidad de ver las cosas desde otra perspectiva.

Todos conocemos a estas personas que se dejan llevar por sus propias interpretaciones hasta tal punto que se crean una realidad que les daña seriamente. Son como el señor de la Historia Del Martillo de Paul Watzlawik (“El arte de amargarse la vida”), que corre furioso a la puerta de su vecino y le grita convencido de que no le prestará este  martillo que tanto necesita… y todo eso antes de ni habérselo preguntado. Es un ejemplo de “montarse una película” sobre lo que está pasando, sobre lo que piensa el otro, sobre lo que seguramente ha hecho en su ausencia con tales y tales (malas) intenciones… lo raro es que para nosotros, todo parece mucho menos ofensivo y complicado que para esta pobre persona presa de sus interpretaciones fatalistas del mundo.Vivimos la realidad desde otro ángulo.

Pero vamos a ver… ¿seguro que nosotros no nos montamos también estas historias sobre nuestro propio mundo? A pesar de que muchas veces estamos seguros de “saber” algo porque lo hemos “visto”, “oído” o “notado” la verdad es que lo que percibimos de la realidad siempre está limitado a la calidad de la lente con la que vemos el mundo. Y esta lente desgraciadamente deja mucho que desear.

De hecho el proceso con el que construimos nuestra imagen de la realidad es un proceso de filtración doble. Primero están nuestros cinco sentidos, que recogen todo tipo de datos de nuestro entorno, mucho más de lo que posiblemente podemos captar conscientemente en un instante. Aquí intercalamos el primer filtro que solamente deja pasar la información que consideramos relevante en este momento. Si tenemos hambre vemos y olemos comida en todas las partes, si buscamos pareja parece que las parejas felices nos persiguen, si acabamos de tener un niño vemos carritos y más carritos que parece que estamos viviendo un nuevo baby boom. Es un proceso automático que hace que mientras nos fijamos en un trocito de la realidad, muchas otras cosas igualmente presentes pasan desapercibidos. Es fácil imaginarse la cantidad de información que perdemos así a lo largo de un día, simplemente porque no tenemos recursos para captarlo todo a la vez.

Una vez percibida nuestro trocito de la realidad esta información está a disposición para un segundo paso: la interpretación. Dependiendo de nuestro estado de ánimo, nuestra personalidad y nuestras expectativas convertimos los datos que nos han llegado desde nuestros sentidos en diferentes interpretaciones que nos sirven para explicar el mundo. Son explicaciones sencillas que las que muchas veces ni nos damos cuenta. Cuando llamamos a nuestra pareja y no coge el teléfono, el pensamiento “Estará en la ducha” es una interpretación. Si esperamos a una amiga retrasada “sabiendo” que está buscando parking y llegará en 5 minutos es otra interpretación. Y también cuando nos apuramos en el trabajo para entregar un informe “porque si no se enfadará el jefe”, eso es una interpretación. No, me dirás, eso es una realidad. Puede. Pero puede igualmente que simplemente lo estás suponiendo porque así te lo dicta tu experiencia. Y lo que hemos experimentado una vez, no dice absolutamente nada sobre la probabilidad que tiene este “hecho” para volver a ocurrir en el futuro. La realidad es más complejo que eso. Entre otras cosas es una interpretación. Y como hay mil maneras de construir esa interpretación, más vale escoger un trocito de la realidad que nos hace vivir mejor, más tranquilos y con más confianza. No se trata de ser ilusos, sino de aprender a tomar en cuenta todas las posibilidades: las malas (y eso es casi automático en la mayoría de la gente) y también las buenas (eso es lo que nos cuesta trabajo).

Las interpretaciones a pesar de ser sólo tentativas de la realidad son tremendamente útiles para facilitar nuestra vida. Si interpretamos el mundo de forma positiva nos ayuda a motivarnos y darnos fuerza para seguir adelante. “Es amigo mío, le puedo confiar plenamente”, “Yo sé que puedo con eso, ya lo he demostrado antes, soy una persona fuerte”. Interpretaciones y explicaciones perfectamente válidas que además nos dan seguridad y valor. Pero muchas veces las explicaciones que nos damos no nos ayudan, porque nos pintan una realidad desalentadora. Cuando mantenemos suposiciones negativas nos siguen llevando por viejos caminos que tampoco nos han servido en el pasado y entorpecen nuestra capacidad para abrirnos a nuevas realidades y soluciones.

Lo importante es que recordamos que lo que parece un hecho en un momento dado, puede dejar de serlo con un cambio de perspectiva. Seguro que te acuerda de uno de estos momentos de “claridad repentina”, de insight, cuando de repente entendiste una cosa que antes no veías. Estos son momentos en los que sobrepasamos nuestro horizonte limitado anterior y accedemos a otra parte nueva de la realidad que ha estado allí todo el tiempo, pero que simplemente no veíamos. Estas experiencias son una demostración de nuestra capacidad de reformular nuestra realidad, de cambiar nuestra experiencia.

Recordemos una de las grandes lecciones que nos ha dado Viktor Frankl, el psiquiatra judío que sobrevivió el holocausto en los campos de concentración nazis, que incluso en las circunstancias más nefastas el hombre tiene la capacidad de elegir su reacción, su punto de vista. Teniendo en cuenta eso y sabiendo también que las lentes con las que vemos el mundo están teñidas nos tenemos que plantear seriamente si la realidad que “escogemos ver” día a día nos acerca o aleja de la vida que queremos vivir.

Cuando te sientes incómodo, estresado o triste, escucha tus interpretaciones de la realidad, “lo que está pasando”, “lo que tienes que hacer” o “porque no vas a poder con ello” y luego pregúntate si eso lo que dices es ciencia cierta. ¿No hay por lo menos una pequeña probabilidad de que te estés equivocando? Tómate unos instantes para pensar en este problema tuyo que te está persiguiendo desde hace tiempo e intenta darle la vuelta a la tortilla. ¿Cómo lo veía una persona que admiras, una persona que sería capaz de solucionar este asunto? ¿Se preocuparía tanto como tú? ¿Vería las mismas dificultades que tú? ¿Podría sacarle algún punto positivo? ¿Qué haría como tú?

No te olvides que la realidad es mucho más amplia de lo que vemos a la primera. Sabiendo esto, intenta ampliar tu perspectiva siempre que puedas, sobre allí dónde te encuentras en un callejón sin aparente salida…  Al abrir tu mente y soltar las viejas convicciones y supuestos encontrarás nuevas salidas  y soluciones.

Y con el tiempo notarás que “cuando cambias tu forma de ver las cosas,  las cosas que ves cambiarán”.

 

Saturarse con ideas

El otro día estuve escuchando una entrevista con Bob Proctor en un programa de radio de California. Quienes habéis visto la película El Secreto recordaréis un señor de pelo gris hablando de la Ley de la Atracción. A nivel mundial Bob Proctor es uno de los defensores más convencidos de la idea que lo que se manifiesta en nuestra vida es el resultado de la energía que emitimos, de los pensamientos que repetimos y de las convicciones conscientes y no tan conscientes que tenemos. Hasta qué punto influenciamos a nuestro alrededor con nuestras actitudes y expectativas es un tema largo e controvertido del que seguro hablaré en algún momento. Pero lo que quiero compartir con vosotros hoy tiene que ver [más]

Pensamientos y creencias limitantes: ¿verdades o excusas?

Hay profesionales del mundo de la psicología que nos dicen que tenemos unos 60.000 pensamientos al día… no sé cómo los han contado, pero estoy de acuerdo que tiene que ser una cifra elevadísima. Lo preocupante es que los mismos psicólogos nos adviertan que un gran porcentaje de todo lo que pensamos a lo largo de un día simplemente no es verdad. Hay los que dicen que el 95% de nuestros pensamientos es equivocado… no quiere decir que somos tontos o unos ignorantes, sólo indica que nuestra mente como herramienta de toma de decisiones, evaluación y interpretación muchas veces funciona de forma subóptima. Visto desde la perspectiva evolutiva, nuestro cerebro con su reciente cortex prefrontal nos aportan una gran ventaja [más]

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