Hoy nada más quiero compartir con vosotros “La oración de San Francisco de Asis”, una oración que me parece preciosa, inspirador y profunda. Me he acordado de esta oración por el hermano de una muy querida amiga que se ha ido este lunes con su mujer y sus nueve hijos pequeños a Australia para ser misionero, dejando atrás todo lo conseguido y conocido. Me parece un acto de valentía y entrega tan bonito y profundo como lo pide esta oración:

 

Señor, hazme un instrumento de Tu Paz.

Donde haya odio, que lleve yo el Amor.

Donde haya ofensa, que lleve yo el  Perdón.

Donde haya discordia, que lleve yo la Unión.

Donde haya duda, que lleve yo la Fe.

Donde haya error, que lleve yo la Verdad.

Donde haya desesperación, que lleve yo la Alegría.

Donde haya tinieblas, que lleve yo la Luz.

 

Oh, Maestro, haced que yo no busque tanto ser consolado, sino consolar;

Ser comprendido, sino comprender;

Ser amado, como amar.

 

Porque es:

Dando, que se recibe;

Perdonando, que se es perdonado;

Muriendo, que se resucita a la

Vida Eterna.

 


Objetivos sin Obligación o Practicando la aceptación

Hace unas pocas semanas que he vuelto a mi práctica matinal de yoga. Tras varios meses sin práctica después el nacimiento de mi hijo todavía estoy notando como mi cuerpo se está resistiendo al cambio. La flexibilidad todavía no ha vuelto y noto cierta lucha con mi propia paciencia, sabiendo que las posturas que hacía sin esfuerzo ahora me cuestan más de lo que esperaba. Entre tirones y agujetas lo que solía ser una fuente de inspiración y energía hace un año, se ha vuelto un tanto frustrante. Sin embargo sé que será cuestión de tiempo hasta que vuelva a coger el ritmo. Lo difícil mientras tanto es que este saber que tengo a nivel intelectual todavía tardará unas semanas [más]

¿Escuchas o esperas hablar?

“¿Sabes escuchar?” era una de las preguntas que nos hicieron en la primera sesión de mi formación como coach. Lo que no sabía entonces es que saber escuchar es una de las bases de esta profesión y que es la habilidad esencial que separa un buen coach de un mero asesor o consultor. Un coach escucha para entender en profundidad, para discernir pequeñas diferencias en el leguaje usado, para penetrar en el significado de lo dicho, para escuchar lo que falta por decir, para poder descubrir nuevas oportunidades para el cliente y así superar viejos obstáculos. Si no sabes escuchar es imposible ser un buen coach. Creo que lo mismo es verdad para definir a un buen amigo, un buen [más]

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