Una de las terapias psicológicas más prometedoras que han visto la luz en los últimos años es la Terapia de Aceptación y Compromiso, creada por Steven C. HAYES también conocida como ACT. A mí me encanta porque está diseñada para ayudarnos a vivir la vida que deseamos, a pesar de los retos y desafíos que podamos encontrar por el camino. Es una terapia “cognitiva-conductual” de la llamada 3ª generación con un respaldo científico muy fuerte y resultados tan sorprendentes que ya juega en la misma liga como enfoques tan conocidos como la terapia cognitiva de Aaron T. BECK o la Terapia Racional Emotivo Conductual de Albert ELLIS.

Todas estas terapias se llaman “cognitivas”, porque dan vital importancia a nuestros pensamientos, interpretaciones y expectativas sobre mundo que nos rodea. Lo que es especial de ACT es su combinación potente de un nuevo paradigma sobre las emociones y pensamientos negativos, un componente de toma de consciencia (“mindfulness”) y su fuerte compromiso con los valores y la acción.

Uno de sus puntos de partida es la afirmación de que todo lo que llamamos emociones “negativas” no es tan negativo como solemos pensar. El miedo, la tristeza y la ansiedad son emociones tan normales como necesarias. Nos hemos condicionados a pensar que somos peores personas o menos exitosas si padecemos de vez en cuando un buen chute de emociones negativas. Y a consecuencia de eso intentamos huir de nuestra malas rachas, suprimiendo lo que sentimos y perdiendo cada vez más el contacto con el sistema de advertencia tan importante que son nuestras emociones. Hayes nos invita a cambiar de paradigma: en vez de juzgar las emociones negativas como “malas”, deberíamos aprender a reconocerlas cuando surgen para luego decidir si nos son útiles y no. Se trata de aceptar el hecho de que nos sentimos triste, enfadado o ansioso, pero no en el sentido de resignar ante esta emoción, sino en el sentido de reconocer nuestra emoción sin intentar huir de ella. Porque huir de nuestras emociones o intentar suprimirlas suele tener el efecto contrario: ¡se hacen más fuertes!

¿Qué es entonces la utilidad de las emociones negativas? Una emoción como el miedo o la ansiedad puede sernos muy útil si nos empuja hacia acciones que en última instancia nos acercan a nuestros objetivos. De la misma forma una emoción no es útil, si nos dificulta o sabotea el camino que nos acerca a nuestra meta.

Desde un punto de vista evolutivo las emociones negativas son indicadores poderosos de peligro que podemos usar en nuestro favor si aprendemos a detectarlas a tiempo. Si nos damos cuenta de que un suceso ha disparado una determinada reacción emocional en nosotros que no nos suele ser útil, podemos tomar una decisión consciente a actuar de una forma más adecuada.

Un ejemplo: Una persona quiere aumentar su círculo de amistades, pero se pone muy nerviosa al introducirse en grupos de gente que no conoce. Este miedo al rechazo social le cree ansiedad ante las reuniones del grupo que quiere conocer y sin darse cuenta siempre encuentra alguna excusa para no acudir a sus encuentros. En este caso la emoción del miedo está saboteando su objetivo de conocer a gente nueva. Elige el ejemplo que quieras y te darás cuenta que muchas veces es lo que sentimos lo que nos hace incumplir nuestros propósitos. Lo mismo cuenta para todas las historias negativas que nos contamos sobre nosotros mismos: “Es que yo no valgo para eso”, “Nadie me ayuda”, “Es demasiado grande para mí…”. Muchas de ellas están muy lejos de la verdad y lo único que hacen es alejarnos de nuestros valores y sueños.

Lo que nos propone la terapia de aceptación y compromiso al respeto es lo siguiente:

1)      Aprende a reconocer tus emociones y pensamientos negativos y acéptalos sin huir de ellos

2)      Decide si te son útiles o no para alcanzar tus metas y para vivir en línea con tus principios.

3)      Haz el compromiso con una acción consciente que sí te acerca a tus objetivos y a la vida que quieres llevar.

Son tres pasos que suenan simples a primera vista pero hay varios conceptos que requerirán cierta preparación y trabajo por tu parte: saber cuáles son tus valores en la vida, identificar tus objetivos a corto y medio plazo y las prioridades entre ellos, aprender a darte cuenta de tus emociones y también tener el valor de aceptar una emoción como el miedo o la tristeza en vez de escaparnos de ella. La meditación será un buen aliado en este camino, pero también existen otras técnicas que ayudan a aumentar el nivel de consciencia de nuestras emociones.

Es un proceso que lleva su tiempo, pero merece la pena porque te ayudará a vivir con más consciencia y responsabilidad, sabiendo que no estás siendo la víctima de tus propias emociones y pensamientos sino que tienes el valor de seguir adelante a pesar de ellos.

Más sobre ACT próximamente en la sección de Ideas en Acción!

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